Que no muera el civismo en Ecuador

(OPINIÓN)* Poco a poco se van perdiendo las tradiciones auténticas de los pueblos y las ciudades del Ecuador, pero especialmente el fervor cívico que antes era inculcado en escuelas, colegios, hogares y en la sociedad.

banderas con marcoBonita era cada conmemoración de nuestras fechas históricas. Por ejemplo, en Sibambe, Alausí (Chimborazo) y en todos los sectores que forman la hoya del Chanchán en la región Interandina; antes, las fechas cívicas eran en sí unas grandes fiestas.

Los estudiantes desfilaban con uniformes y zapatos bien lustrados; los docentes siempre con ternos, y las maestras con vestidos blancos, cinco centímetros más abajo de la rodilla.

Los padres de familia con sus mejores trajes, y bien peinados con brillantina, porque cuando pasaba el desfile con la bandera nacional, inmediatamente se despojaban del sombrero o gorra e inclinaban su cabeza en señal de respeto a uno de los sagrados símbolos patrios.

Todos los ecuatorianos que estudiaban cívica aprendían a amar, respetar a la patria, y a cantar el himno nacional a todo pecho con el alma, henchidos de alegría y devoción.

En las instituciones educativas, el altar cívico nunca faltaba. Cada maestro frente a su grupo o grado escolar, era el modelo admirado por todos, cuando entonaban el himno en posición firmes, con la mirada al frente y aunque se cruzara una mosca no parpadeaban, ni nadie hablaba, ni se reía. Era un honor los días lunes participar de la hora cívica, y más aún en las fiestas patrias, donde el discurso del director o profesor de turno era esperado por los presentes; prueba de fuego para los maestros participantes porque los estudiantes también competían con los profesores recitando, cantando, o en el discurso de exaltación de esa conmemoración; y el más aplaudido era el triunfador.

También las bandas de guerra eran una tradición, y las bastoneras se lucían dando vueltas como trompos, marchando elegantemente y los entonadores de tambores y cornetas se esforzaban por hacerlo bien, para –si era posible– opacar a la banda del colegio o escuela, que en el desfile estaba cerca. Las bandas actualmente deben ser musicales, según las nuevas leyes; no existe dinero para comprar liras y otros instrumentos, tampoco para pagar a los instructores.

Todo esto ya es historia. Solo quedan los recuerdos de lo bueno de esa educación.

* Roosevelt Barros Morales, expresidente de la Fundación Símbolos Patrios

(Publicado en diario El Universo, 4 de junio del 2010)

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